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Las tareas de investigación y desarrollo
de un nuevo fármaco alcanzan un costo aproximado de 1,2 billones
de dólares (1). Ahora bien, ¿por qué es necesario incurrir
en gastos para la creación de nuevos antibióticos?
A pesar del gran arsenal terapéutico
disponible actualmente, se observa cierta resistencia de los
microbios ante algunos antibióticos lo que limita su efectividad.
La teoría más difundida plantea que se
debe al uso, o mejor, al abuso indiscriminado en la utilización
de ciertos fármacos tanto en el área médica como en la agricultura
(2). La utilización de antibióticos elimina los microorganismos
más sensibles y despeja el camino para otros microorganismos
más raros, no susceptibles a la droga en cuestión, estos entonces
comienzan a proliferar y diseminarse en el ambiente donde
fueron eliminados los drogodependientes (3).
Diversos estudios han demostrado que
este fenómeno aparece con mayor frecuencia en los países desarrollados
(4), en los cuales resultan alarmantes los resultados de los
estudios efectuados en poblaciones infantiles. Estos demuestran
que más del 70% de los niños han utilizado algún antibiótico
antes de los 200 días de nacido (5), o bien que se indicó
algún antibiótico al 40% de una población infantil por un
simple catarro, una infección del tracto respiratorio superior
o una bronquitis (6).
Entre las medidas que pueden y deben
tomarse ante el fenómeno de la resistencia microbiana se encuentran:
a) Crear estrategias hospitalarias para
el control del uso de antibióticos, no sólo en la utilización
de algún tipo específico de antibiótico sino de forma general,
porque se ha demostrado que se puede disminuir la resistencia
hacia un tipo de antibiótico y elevarse la de otros (7).
b) Modificar los hábitos prescriptivos
de los médicos, para extender el beneficio a toda la comunidad
(8).
c) Establecer campañas de educación pública
contra el uso indiscriminado de antibióticos (9).
d) Integrar un sistema computarizado,
capaz de ayudar en la selección de la terapia con antibióticos,
según la ecología bacteriológica del hospital en cuestión,
que recomiende y monitoree, a su vez, la dosificación y duración
del tratamiento. También debe ofrecer orientaciones, a modo
de actualización, sobre el uso de los antibióticos; además
de identificar y corregir errores en la prescripción de antibióticos
(10).
Sin embargo, estas medidas no son suficientes
para contrarrestar la resistencia microbiana.
En general los antibióticos frenan la
reproducción de los gérmenes patógenos. Cuando los antibióticos
se ligan a moléculas receptoras específicas y secuencias de
nucleótidos de las proteínas que regulan la expresión genética,
como lo hacen las hormonas en el organismo, pueden provocar
cambios en la fisiología o en su expresión genética (11).
El conocimiento sobre la resistencia es aún limitado y se
basa, en muchas ocasiones, en modelos matemáticos que requieren
validación; se cree que esté relacionada con modificaciones
fenotípicas y genotípicas. Pero ¿cuál es la diferencia entre
las modificaciones fenotípicas y genotípicas?
En el caso de la resistencia fenotípica,
el ejemplo clásico es el de la Pseudomonas aeruginosa y la
gentamicina, en la cual se puede observar resistencia al antibiótico
durante breves períodos de tiempo entre los pocos gérmenes
que sobreviven a la exposición inicial (12). Las células que
se hacen resistentes también pueden desarrollar resistencia
a otros agentes tóxicos. El hecho es que, al mimetizar señales
que inducen a estados fisiológicos alternos, algunas drogas
pueden inducir resistencia fenotípica a ellas mismas o lo
que es peor, a otras drogas también.
Si se incrementa el tiempo de la infección,
las células fenotípicamente resistentes estarán más dispuestas
a adquirir la resistencia genotípica, debido a la transferencia
de genes entre microorganismos.
Estudios in vitro han demostrado que
los genes de resistencia y virulencia se transfieren inter
o intraespecies, tanto en el hombre como en los animales (13),
lo cual provoca diferentes cursos en los fenómenos de resistencia
y en el de virulencia como tal.
Se han expuesto hasta siete mecanismos
por los cuales los antibióticos pueden ocasionar los fenómenos
de resistencia y virulencia (11), pero se considera que no
se expresan de forma pura, razón por la cual se destacarán
sólo algunos aspectos.
La frecuencia en la transferencia de
genes puede relacionarse con la reducción de la efectividad
de la superficie celular como barrera a la liberación y toma
del material genético o porque se favorezca la fusión entre
microorganismos y vesículas, que provoca que el protoplasma
del microorganismo se exponga a la lisis y la liberación del
ADN durante el estrés osmótico.
Resulta un dato interesante que algunos
medicamentos de uso frecuente, como los sicotropos, anestésicos,
antihipertensivos, diuréticos y los antihistamínicos, puedan
obstaculizar la acción de la penicilina, la estreptomicina,
el cloramfenicol, la tetraciclina y la vancomicina; el mecanismo
propuesto para su explicación es la modificación de la permeabilidad
celular (14).
Las permeasas, que intervienen en el
transporte a través de la membrana celular, pueden modificarse
como sucede con la Escherichia coli ante la presencia de la
aspirina, que induce resistencia a la tetraciclina (11).
El fenómeno de transferencia de genes
es muy importante, porque los genes resistentes son móviles,
se transportan de un organismo a otro a través de plásmidos
conjugados, -virus, integrones y transposones- o entre organismos
mediante un proceso de transformación natural; esto puede
observarse aún si las células genotípicamente resistentes
mueren (3).
Existen mecanismos bioquímicos, como
la restricción enzimática, que aseguran normalmente la estabilidad
del ADN (15).
Sin embargo, existen evidencias de que
los agentes antimicrobianos, directa o indirectamente, disminuyen
la especificidad de este proceso de reconocimiento, entonces
se eleva la tasa de recombinación del ADN o la de mutación.
Este es uno de los mecanismos más interesantes entre los propuestos.
Su ejemplo más común es el caso del cloramfenicol que aumenta
el efecto del estrés en la transferencia genética, probablemente
desnaturalizando la enzima que degrada el ADN extraño, que
prolonga la permisividad observada en las bacterias hacia
el ADN extraño (16).
Ante esta situación se trabaja en la
producción de drogas que no experimenten el efecto de la resistencia
microbiana, en consideración a que los estudios efectuados
hasta el momento no pueden explicar totalmente la resistencia
por una acción selectiva de los microorganismos, porque en
ella también intervienen los efectos colaterales de la evolución
de las entidades subcelulares (plásmidos, virus, transposones
e integrones) que infectan a los microorganismos y favorecen
la resistencia genética (15); se busca inhibir la expresión
de los fenómenos de virulencia, bien por la vía de la producción
de enterotoxinas inhibidoras, o por la producción de vacunas
contra los determinantes de la virulencia y sus mecanismos
de acción, que implican la neutralización o el asedio del
agente patógeno más que su propia muerte (17,18).
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